Las ideas de los demás elevan tu trabajo más allá de lo que imaginas.

Los que me conocen saben que soy un gran fan del trabajo de Rosalía. Mi admiración por ella va más allá de si su música encaja con mis gustos personales.


Rosalía es un poderoso ente creativo que se reinventa en cada proyecto, fusionando y empujando estilos musicales, en un contexto donde el producto final es el resultado de múltiples disciplinas además de la música en sí. Para ganarse el reconocimiento global que ha logrado como compositora, intérprete y productora, hay que ser capaz de colaborar a un nivel muy superior a la media. Y por eso, considero que Rosalía es un genio de la colaboración.


¿Cuál es la magia que Rosalía aporta a sus colaboraciones?


Rosalía entiende que, para culminar su visión, tiene que abrirla y aceptar las ideas de los demás como parte del resultado final.


He indagado en entrevistas y en relatos de artistas que han trabajado con ella, y he encontrado tres rasgos que se repiten:


El primero es su capacidad de comunicar su visión de forma inspiradora. Pharrell Williams, por ejemplo, destaca que Rosalía llega con una visión muy sólida y con conceptos muy meditados de antemano. Pero lo importante, añade, es cómo los comparte: con intensidad y señalando con claridad dónde espera la aportación de otros.


A raíz de su trabajo con la London Symphony Orchestra para su último álbum, un violinista español comentaba que durante la grabación Rosalía jugó un papel creativo muy intenso: por un lado, comunicaba su visión con fuerza; por otro, esa visión se iba construyendo allí mismo. No dictaba; recogía lo que el director proponía y era clara su apreciación por el valor que aportaba.


Y por último, el testimonio de una de sus bailarinas en gira, que hablaba de algo menos visible pero decisivo: Rosalía tiene el don de crear un entorno donde todos se sienten seguros para compartir ideas.


Esta es la reflexión que me gustaría compartir:


El mejor trabajo es resultado de las aportaciones del equipo, aunque estén guiadas por una visión individual. Para llevar una idea a alturas insospechadas, hay que abrirla, dejar que otros la transformen y aceptar que el resultado final será distinto al que imaginabas al principio.


En el fondo, es entender algo muy simple: la visión no se protege, se pone en juego.


Si tienes curiosidad por cómo podrías convertirte en un genio de la colaboración, sigue explorando esta página web.